Esta nube tronó sobre el camino, a unas sesenta toesas de donde estábamos. Dos caballeros que venían de Tolosa, nuestro destino, y que estuvieron expuestos a la tormenta, se vieron obligados a usar sus abrigos; pero la tormenta los sorprendió y los asustó, ya que se vieron víctimas de una lluvia de sapos! Aceleraron su marcha y se apresuraron; al encontrar la diligencia nos contaron lo que les acababa de suceder. Vi entonces que al sacudir sus abrigos delante de nosotros, cayeron pequeños sapos.Fragmento de la carta de M. Pontus, profesor de Cahors, dirigida a M. Arago. 1836.
El gran sabio Teofrasto, en el siglo IV a.C., propuso que era mentira todo eso de la lluvia de sapos, lo que sucedía era que los batracios salían de la tierra enojados al ser interrumpidos por el temblor al que someten los goterones al húmedo suelo cual zombies el día del Juicio Final.
El no tan sabio Reginald Scot veía a las lluvias de animales como un ejemplo “genial” (es un decir) que daba cabida a su hipótesis de la generación espontánea de la vida (totalmente errónea como se vería después). La misma que veían bien algunos académicos que no tenían problemas en aventurar que los ratones aparecían en la Tierra por causa y efecto de los calzoncillos sudados y el trigo (sic).
También se atribuyó su autoría a los inefables extraterrestres en sus OVNI, al teletransporte del Triángulo de las Bermudas o como un don divino del Antiguo Testamento, en el que cae del Cielo maná y piedras para asustar a los amonitas. Pero ya estamos en tiempos modernos, como reza el título de la película de Charles Chaplin y no está de más recordar algunas (esta es la primera tanda) de las ocasiones relacionadas con la lluvia de animales presuntamente acontecidas:
- En Bergen, cuando corría el año 1578, hubo una precipitación de extravagamtes ratones amarillos.
- La aldea de Acle se vio azotada por el infortunio cuando cayó una lluvia de sapos en todas partes. El tabernero, molesto, se puso a limpiarlo todo, algo más complicado que darse de baja de su compañía telefónica.
- La pequeña Singapur en 1861 sufrió un temible terremoto que fue continuado por la asombrosa caída de miles de peces.
- Sólo en el siglo XIX EEUU comprende la mayor cantidad de lluvias de animales registradas en un país: quince. Entre ellas la del quince de enero de 1877, cuando la tormenta escupió serpientes de cuarenta y cinco centímetro a un temeroso poblado.





Qué buena entrada