Bulldog francés


Aprende a educar a tu perro




Escrito por Nanuk | 17 de abril del 2009
bulldog frances
“El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.
Quevedo.
Si algo aprendió toda la familia de la película Salvad al soldado Ryan, además de cuantos litros de sangre tiene un soldado canadiense, es el precio del valor. Una valentía a toda costa que asombraría a los que se bajaron enervecidos de los barcos-anfibios (que no sapos) para salvarnos de las hordas lanzadas por el del bigotito corto es, del mismo palo y la misma caña, la propia del bulldog, que le nace de carne y nervio, esto es, hablamos de una raza de perros recios y endurecidos por la lucha que se estrellarían contra una masa de tanques o pondrían el pecho orgullosos ante una ráfaga de ametralladoras en Normandía.

¿Exageramos? No del todo; está claro que comparar una mole metálica con ruedas-oruga con un ser orgánico musculado de amplias orejas tiene su aquel, sobre todo cuando tales bichitos proceden de los molosos de presa que hicieron innumerables travesías en los grandes barcos de épocas pasadas, esos de eslora madérica y velas con pintajos extravagantes que algunos churumbeles meten en botellas de cristal. En la Edad Media eran populares los torneos entre estos perritos tan simpáticos y los toros, luchas a muerte, claro. Los refinados ingleses ya los usaban para cazar, pues se creía que la carne pasada por la piedra a mordiscos de bulldog sabía más sabrosa.

El “perro toro” se convirtió en un emblema de los reyes ingleses y de Isabel I pero pronto se impondría la reducción de tamaño (porque se prohibieron los combates taurinos). De los ejemplares ingleses a los franceses media un buen trecho de siglos pues no sería hasta el XIX, el de la Revolución Industrial, cuando los gustos parisinos crearon al bulldog galo English Toy Bulldog mediante. Con la crisis (siempre la omnipresente crisis) los emigrantes de Nothingham se llevaron a un cachorrito bajo el brazo al país vecino: la Francia donde los textiles sí prosperarían y hubo un cruce masivo con los terrier-boules autóctonos de los carniceros de La Villete, formando una nueva raza: el francés puro y duro, más hogareño y tierno que aquellos bestiajos ingleses de antaño, muy burgués. Con la Belle Époque llegó el “glamour” y todo trabajador de la ciudad quería tener su perrito, las calles bullían con bulldogs y este pequeño Napoleón canino había llegado para quedarse, mostrándose en una exposición pública en 1887 lo que hirió el sentimiento nacional de los británicos, tan suyos para sus cosas, que llamaron al bulldog francés un “engendro despreciable” que no tenía nada que ver con el suyo.

Ventajas:

  • Eternos cachorros, juguetones y muy caseros. No son de largas caminatas o aventuras extremas. Mímalo lo suficiente o tendrás su garra siempre encima de ti.
  • Pequeños, elegantes y distinguidos. Los franceses no se equivocaron. Es el perro-perfume ideal.
  • Su peculiar cara los hace muy graciosos. Además hacen ruidos con la boca similares a un pavo.
Desventajas:
  • Nunca retroceden si hay pelea con otro perro, pudiendo llegando a matarle.
  • Pueden sufrir algún tipo de problema respiratorio y roncan de noche. En ese punto pueden ser muy frágiles.
  • Testarudos como mulas.
  • Requieren tiempo para achuches y diversiones.
  • El ejercicio prolongado puede agotarlos, sobre todo en las horas de calor, poniéndolos en peligro.
  • Comen y devoran sin parar todo lo que pillen (aunque les siente mal) hasta ahogarse.
  • Poseen una “línea” hundida justo debajo de los ojos que necesita atención y limpieza.

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