Cuando en el siglo XVIII, los primeros colonos se establecieron en Australia, llevaron sus animales. Durante la gran fiebre del oro en 1851 también se importaron muchos caballos, cuando se acabó el oro, los mineros dejaron sueltos a numerosos ejemplares, desarrollándose posteriormente en estado salvaje.
El número de caballos que vivían en estado salvaje aumentó muy rápidamente ya que los colonos solían dejar a los caballos libres cuando no los utilizaban para el trabajo del ganado. El problema de esta forma de actuar de los colonos, es que el número de caballos que vivían en libertad, los Brumby, eran cada vez mayores. Se adaptaron bien al entorno y cada vez su número era mayor. Y estos robaban el alimento del ganado y de la fauna local, contribuyendo así a su extinción.
Los Brumby pasan a considerarse como dañinos para el entorno. Y para controlar la población, el gobierno australiano autorizó la caza. Estas batidas y este acoso y derribo podrían provocar la extinción de esta raza de caballos.

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