Casi tan famoso como el líder huno fué su caballo, llamado Othar, del que se decía que “donde pisa, no vuelve a crecer la hierba”. Atila nunca adornó su caballo porque para los hunos, el caballo era uno de sus tres animales sagrados, por tanto era una ofensa cargarlo con adornos y colgajos. Además, los hunos consideraban que su caballo era una prolongación de su ser, era como su otra mitad, de hecho, fue gracias a los caballos que los hunos lograron tener uno de los más grandes imperios de la historia durante casi ochenta años.
Como curiosidad decir que Tolkien, tomó el nombre del caballo de Atila para dar nombre al escudero de Isildur que llevó los fragmentos de Narsil de vuelta a Rivendel tras la batalla de los campos Gladios. Tolkien también llamó Othar a este escudero, pero esto ya es otra historia…
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