miércoles 24 de septiembre de 2008

El hombre que susurraba a los caballos

Hoy os traemos una película relacionada con nuestros amigos los caballos. El hombre que susurraba a los caballos (en inglés Horse Whisperer). Se trata de una película del año 1998 dirigida y protagonizada por Robert Redford, basada en la novela escrita por Nicholas Evans en 1995. Redford interpreta el papel protagonista, un entrenador con un gran talento para adiestrar a caballos, que es contratado para recobrar la normalidad en el caballo de una adolescente (interpretada por Scarlett Johansson) después de un trágico accidente.

La joven adolescente Grace MacLean (Scarlett Johansson) sufre, junto a su mejor amiga Judith (Kate Bosworth), un grave incidente equino en el cual sus dos caballos resbalan debido al hielo que cubre el pavimento forestal. Este hecho desencadena un fatal desenlace en el cual Judith y su caballo mueren, el caballo de Grace recibe heridas casi mortales, y ella misma pierde una pierna. Como consecuencia de las heridas del caballo, la madre de Grace decide llevarlo al "Susurrador de Caballos" Tom Booker (Robert Redford), el cual poco a poco, irá devolviendo un aspecto física y psicológicamente corriente en Pilgrim. Mientrastanto, Annie (Kristin Scott Thomas), la madre de Grace tendrá un romance con Tom, del cual se librará al finalizar su estancia en la casa de los Booker.

En futuros artículos ampliaremos la lista de películas sobre caballos. Hasta entonces sólo nos queda aconsejaros que la veáis.

2 comentarios:

Caballos fan dijo...

Esta película nos muestra que la parte más importante antes de montar un caballo es conocerlo bien. Saber como se comporta el caballo.

Anónimo dijo...

Nikita:

La película no está mal, pero me decepcionó bastante, quizás porq cuando la estrenaron yo ya había leído el libro. Es bastante fiel a la novela, pero sin embargo se carga completamente el final del libro...dichosos "happy ends"...

Recomiendo la lectura de la novela en la que se inspira, es genial, preciosa...un ejemplo de como el afán de superación y los sentimientos pueden impulsar una vida que se trunca de repente.